La versión oficial, secundada por su sobrina (que no hija) Isabel:
Son las 14.30 de la tarde. Allende decidió rendirse y deponer las armas. Entonces —según el testimonio de uno de sus doctores, Patricio Gijón, que regresó para llevarse su mascarilla antigás—, con el fusil AK-47, se suicidó disparándose en la barbilla, explotando la bóveda craneana y muriendo instantáneamente. Palacios entró en el Salón Independencia y se encontró con Allende y el doctor Girón. Reconoció al presidente por su macizo reloj Galga Coulde. Llamó al oficial de radio y entregó su escueto informe: «Misión cumplida. Moneda tomada, presidente muerto».
La versión heroica:
“Herido y arrastrándose bajo la metralla, Allende empuñó una bazuca y de un disparo destruyó un tanque situado en la calle Morandé, uno de los que más furiosamente cañoneaba el palacio (…) A las 13:30 (…) la mayor parte de los defensores de la sede habían perecido. El periodista Augusto Olivares, director de la Televisión Nacional, asesor y amigo personal de Allende, tuvo un comportamiento especialmente heroico, combatiendo incesantemente, disparando a través de las ventanas de La Moneda contra la horda de atacantes fascistas. Fue gravemente herido y no quiso reposar. Murió en su puesto de lucha (…) Ya cerca de las 14:00 (…) un nuevo asalto de la infantería permitió la irrupción en la planta alta. El Presidente se parapetó en una esquina del Salón Rojo y comenzó a disparar hacia la puerta por donde momentos después irrumpiría la soldadesca. Combatiente hasta el último instante de su vida, Allende fue acribillado a balazos por la tropa asaltante”.
Como en todos los 11-S, hay varias versiones, y sólo una verdadera. Elija la suya.