Lo que me parece de las declaraciones de Oleguer

Para el que no esté al tanto, el artículo completo.

Sobre esto me parecen varias cosas: pero la primera y más palmaria es lo ávida que está la gente de camorra, cuando elevan las declaraciones de un futbolista al altiplano de quasi cuestión nacional. No hay más que picar en Google sobre el tema para ver la cantidad ingente de noticias al respecto.

Me parecen luego varias cosas de Perogrullo: que Oleguer tiene derecho a escribir un artículo público, los periódicos a comentarlo, Kelme a rescindir su contrato por considerar que daña a la marca económicamente (igual que la dañaría dando volteretas desnudo durante una rueda de prensa), Munich a recoger los restos porque le interesa el tirón económico y a los catalanes a no comprar sus productos. Todos con sus derechos y tan contentos.

No me parece en cambio que Oleguer sea algún tipo de autoridad cultural o política para que su opinión sea tenida en cuenta: el hecho de ser futbolista podría ser una condición bastante para desatenderla y sin embargo no soslaya que se trate él de una excepción. Pero el  caso de ser hoy Oleguer el independentista y mañana Andrés el que acude a concentraciones con la selección española lo libra de toda credibilidad.

Dejemos esto y pongámonos en el caso de que las declaraciones provenientes de algún tipo serio. Me interesa lo siguiente: ¿debería tener que aguantar la decisión de Kelme, soportada probablemente por gente con mejores notas en la carrera de Económicas que Oleguer, que una asociación de internautas proponga reventarles el correo electrónico con la manidísima frase “han atentado contra la libertad de expresión” repetida dieciochomil ciento ochenta y siete veces?

Yo no sé qué le pasa a la gente de este país con la libertad de expresión. Parece que libertad de expresión equivale a aquel “el aire es libre” para poner las manos a un palmo de la nariz del compañero de clase de segundo de EGB. Vamos a ver si al lector le parece lo mismo. El artículo 20.2 de la Constitución española dice: “El ejercicio de estos derechos [de expresión] no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa”. Según esto, y si la ley española fuera global, a mí me parece que el trato a internet en Cuba y China y de la prensa en Irán y España hace unos años o en un grado más ligero el puritanismo en EE.UU. actualmente van contra la libertad de expresión.

El punto cuarto dice: “Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las Leyes que lo desarrollan y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”. Según estas Leyes que lo desarrollan, las injurias contra el Estado (por ejemplo, “me cago en la puta España”) no se pueden amparar en la libertad de expresión. Para simplificar, cualquier cosa fuera del respeto (injurias, exhibicionismo público, amenazas por escrito) no se ampara en la libertad de expresión. Seguimos adorando a Perogrullo.

Así pues, que un futbolista catalán se ponga a escribir sobre un terrorista vasco y todo el país parle sobre ello, es libertad de expresión. Que le pasen el boli rojo al artículo, que encierren a Oleguer o lo envien a Siberia no es libertad de expresión. Que a la empresa que le paga, cuyo mercado se basa en la clientela española (como en el caso de muchas empresas catalanas), no le interese que se parle tanto y decida rescindir el contrato, no tiene que ver con la libertad de expresión.

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