Periodistas y payasos

Si los españoles naciesen con la rectitud que les es inherente a los alemanes, quizá los académicos de la lengua no serían tan benevolentes con la definición de periodista: el que trata la información en cualquiera de sus formas y variedades. En cambio, en Alemania, la palabra reportero, der Berichterstatter, parte del verbo berichten, que es contar algo siempre verdadero, en contraposición a erzählen, que es contar una verdad pero también un cuento o una mentira.

Si al menos los españoles no hubiesen contaminado el vocablo payaso hasta convertirlo en un insulto, dejando impolutas las acepciones que de sus vecinos del Este nuestra lengua tomó prestadas, o sea las del italiano pagliaccio, con esta palabra se podría adjetivar a cualquiera “sin carácter y dignidad que se comporta de modo ridículo”, sin miedo a ser denunciado por injurias.

Pero como no es el caso, hoy no se puede decir en español, con absoluta rigurosidad linguística, que algunos periodistas no son en realidad periodistas sino payasos. Se podría decir que son bufones, pues su objetivo es el de hacer reír, pero la semántica no recogería su falta de carácter y dignidad. Así que no nos queda más remedio, mal que nos pese, que seguir usando el vocablo periodista para definir a los reporteros de (la nueva versión de) Caiga Quien Caiga, a la alineación titular de “El Mundo”, a Eva Hache y sus compinches, al elenco completo de escribidores de Libertad Digital y a otros personajes públicos que se dedican al sensacionalismo, al espectáculo, al negocio de la risa en algunos casos y, en general, a ámbitos profesionales más propios del antiguo arte del Circo.

Me entristece que el Diccionario no respalde a García cuando dice que Losantos no es periodista porque separa a los buenos de los malos, esto es, porque perdió todo rastro de objetividad. Lo mismo se aplica al resto estandartes de la hemiplejía moral antes nombrados, porque tengan o no razón en lo que dicen, confunden la honorable profesión de reportar conocimiento con la panfletada política con la que barren para su casa. Por eso Quintero es un gran periodista, porque, aunque como por aquí opinan es un coñazo, mantiene la misma actitud entrevistando a Losantos, Garzón, García o el Koala.

A un periodista, un profesional del periodismo, no se le puede exigir objetividad: sería entonces un objeto. Pero dentro de su condición de sujeto, sí un esfuerzo por moderar al máximo su subjetividad. El resto no son más que payasos ejemplares.

6 comentarios en “Periodistas y payasos

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