Cómo se filologa a martillazos

Hay un libro de Álex Grijelmo (el director de EFE, ese mismo que en sus ratos libres se dedica a criticar a la Wikipedia) que se llama ‘El genio del idioma‘. A pesar de ser un ensayo filológico, en él se describen curiosidades y hechos sobre el idioma español de un modo sencillo y ameno, lo que lo convierten en un libro recomendable para todos los públicos.

Una idea subyace a los largo de todos los capítulos: en la misión de crear idioma, el pueblo es quien más ordena. No son los dictados de ninguna Academia, ni la estela de los mejores como recomendaba Nebrija. Es el pueblo (o el genio del idioma) el que decide adoptar una palabra o desecharla. Por eso, cuando el pueblo eligió adoptar fútbol, todos los esfuerzos por imponer balompié fueron vanos. El pueblo había ordenado.

Hace ya tiempo que se sospecha que en Galicia el BNG no se ha leído el libro de Grijelmo. En cambio parece que sí han leído los textos de Mark Twain sobre el alemán ya menciados y piensan que, al igual que aquél, la lengua gallega debe ser reparada. Y en esta cirugía plástica se hallan desde hace ya un tiempo, exorcizando el idioma de residuos castellanos.

El gallego ya fue sometido a una castellana y fulminante caza de brujas que hizo desaparecer sus letras durante algunos siglos (conocidos como los oscuros). Opresión pero de la de verdad, no de la que sufrieron otras lenguas peninsulares durante la dictadura. Por eso alguna gente en Galicia piensa que el gallego actual no es todo lo puro que debería ser, por eso algunos (pocos) se dedican a usar un pseudodialecto de laboratorio muy cercano al portugués e ininteligible para un galaicohablante normal.

El problema aparece cuando el gobierno, que acaba de heredar su cetro hace escasamente un año, se cuela en la fiesta y agrega entre sus prioridades la de darle un repaso al idioma. Es palmario y evidente que la descastellanización del idioma gallego era uno de los problemas de más acuciante liquidación para una región cuya economía, sanidad y educación van bien.

Recuerdo que hace apenas una década sólamente el BNG utilizaba el término ‘Galiza’ en su publicidad electoral. Mi profesor de gallego, nacionalista, nos prevenía del uso de este término lusista o hipergaleguista. No sé si esto es cierto, pero ciertísimo sí es que, en aquella misma época, sólamente el BNG utilizaba ese término en su propaganda electoral. Hoy no sólo está normativizado y usado por la mayoría de partidos, sino que lo están otros como ‘grazas’ o ‘imposíbel’ que yo, personalmente, jamás había oído hasta que el gobierno se los sacó de la chistera. Si algún lector (a ser posible no de Tui, frontera con Portugal) los había visto en alguna parte, digamos cinco años hacia atrás, que lo comente. En cambio otros fenómenos más comunes pero menos chics como la gheada no entraron en el saco.

Nada nuevo en el horizonte.

Más sobre el tema en “Lenguas en guerra”.

7 comentarios en “Cómo se filologa a martillazos

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