Dios y la homeopatía

Sobre el suelo del Paraninfo de la Universidad de Salamanca, templo de la cultura, se alza en todo su saber la figura noble del rector Miguel de Unamuno. Frente a él, un hombre tuerto, vestido de militar, aprieta los dientes y escucha. Le falta un brazo. Unamuno hace una pausa en el discurso y entonces, en uno de los capítulos más ridículos de toda la Guerra Civil, el general Millán Astray no puede contenerse más, alza la voz y exclama: ¡abajo la inteligencia! Unamuno será arrestado, pero antes responde: “venceréis, pero no convenceréis”.

Abajo la inteligencia. Eso debe pensar desde hace dos siglos la ciencia que se enfrenta a la más placébica de las amenazas: la del la homeopatía. Por desgracia, los intereses económicos en este campo son muy elevados, hasta el punto de no exigírsele siquiera a los fármacos homeopáticos demostraciones y pruebas de su efectividad. Como cuando en clase de religión hablan sobre los artículos de fe: no necesitamos demostración. Pero hay una cosa que diferencia a Dios de la homeopatía: de uno de los dos no se puede demostrar su falsedad. Del otro sí.

“En la actualidad existe una fuerte presión por parte de laboratorios y médicos homeopáticos, tanto en nuestro país como a en el resto de Europa, por obtener el reconocimiento del sistema desarrollado por Hahnemann en el siglo XIX para el tratamiento de la enfermedad. Las presiones del lobby homeopático son, curiosamente, a nivel político tratando de saltarse los controles de calidad científicos (Wim Betz, 1995, comunicación privada). Hay que señalar que los medicamentos homeopáticos no cumplen los mismos controles que los fármacos -aunque se distribuyan como tales-, siendo este doble rasero lo que permite la aparición de engaños y fraudes como los denunciados por el National Council Against Health Fraud (William Jarvis, 1995). Así, la FDA norteamericana no exige a los productos homeopáticos la eficacia comprobada que se exige a otras drogas. El creciente poder que va adquiriendo la industria homeopática -cuyos productos son bastante caros, lo que reporta pingües beneficios- permite que se evite la discusión científica…”

Este pequeño texto está extraído del informe ¿Es efectiva la homeopatía?, del que recomiendo su lectura. Por ahora la homeopatía vence: muchos pacientes que se someten a tratamientos homeopáticos abandonan el tradicional empeorando su patología hasta volverla irreversible en algunos casos. Los homeópatas mientras hacen caja. Vencerán, pero no convencerán.

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