Bob Dylan, premio Príncipe de Asturias

Bob Dylan es una prueba irrefutable de que Dios existe. Es un católico convencido que moviliza todas sus influencias para poder tocar frente al Papa; que plagia clásicos para sacarse de la chistera Masters of War, supuestamente contra la guerra, pero que cuando se puso de parte  de la guerra de Vietnam (y la de Irak) ya dejó claro que esto no es así (?), que él no es un pacifista; que entre copa y copa admitió a Joan Baez que él escribía por la fama y no por cambiar el mundo, que en su pacifismo sólo había interés comercial. Sólo con Dios de su parte (que no de la nuestra, como canta) se puede explicar que tamaño fariseo haya producido algunas de las mejores letras y melodías de la música de cantautor inglesa durante el siglo XX.

Ha ganado el Príncipe de Asturias y nos alegramos. Ya que la verdad es amarga, por lo menos que las mentiras sean tan dulces y elaboradas como los textos de Dylan. Hoy, de simplonas, ni las mismas mentiras cantadas endulzan ya. Los tiempos han cambiado.

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