El futuro del libro

Como el libro es un ítem tecnológicamente más avanzado que el disco de vinilo, el VHS o el CD, no ha sucumbido todavía al mandoble de las nuevas tecnologías. Un libro puede ser portado en el bolsillo, doblado, usado sin necesidad de un reproductor externo, puede ser anotado con un lápiz, es relativamente barato y ligero y el sistema de búsqueda que incorpora (el índice) es rápido y efectivo. Además el hecho de que haya convivido durante siglos con el hombre lo convierte en un fetiche mucho más arraigado que los volátiles soportes para música y vídeo.

La industria tecnológica, desalentada ante esto, había dejado de lado la investigación en la reproducción de ebooks o libros digitales. Hasta el descubrimiento de la e-ink o tinta electrónica, que permite una legibilidad similar a una hoja de papel, unido a una capacidad de almacenamiento cada vez mayor en menos espacio. Ya empiezan a aparecer lectores de ebooks en el mercado, carísimos e ineficaces todavía (algunos no cuentan con un sistema de búsqueda eficaz, otros no permiten anotaciones, la mayoría son muy lentos). Pero se puede intuir que está cercano el día en que la tecnología de los lectores electrónicos se equipará a la tecnología del libro de papel. Quizá llegue en este mismo 2008 que empieza.

Nos interesa saber qué pasará cuando llegue ese día. Incluso una equiparación de funcionalidad puede resultar insuficiente ante el atractivo irrefenable que tiene el libro de papel en las personas. Pero si el lector de ebooks triunfa, se abrirá una cuestión no el mundo de la tecnología sino en el derecho informático. Las editoriales se llevan su trozo del pastel al igual que lo hace (cada vez más hacía) la industria discográfica. Pero los autores de libros, a diferencia de los autores de música o cine, no tienen una fuente de ingresos paralela la venta de copias individuales del producto. ¿Qué pasará entonces?

No, no desaparecerá la cultura. Antes de que los libros se vendieran en masa ya había escritores geniales, y los seguirá habiendo después por el mismo motivo. En cambio un elenco ingente de libros no sublimes pero prácticos, ideados para generar beneficios, dejarán de ser rentables. Libros de divulgación sencilla para legos, manuales de idiomas, colecciones de libros de una temática concreta, etc., ¿qué pasará con ellos?

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