Un poco de solidaridad

Dos proposiciones caritativas:

1) Palestina.

La cifra de muertos ya ha alcanzado el millar. Ante esta situación, este blog anima a sus lectores a donar para ayudar a la población de Gaza desde este link.

Es, desde luego, una opción mucho más constructiva que el boicot contra productos de Israel que está pululando por la red y del que, además, me gustaría apuntar lo siguiente (extraído de una de las mismas páginas pro-boicot):

El 729 es el código EAN-13 que utilizan las empresas asociadas a la Israeli Barcode Association cuando codifican un producto. Por lo tanto, la cifra 729 debajo del código de barras indica que un artículo ha pasado por Israel en algún momento del proceso de producción o de distribución.

Es decir, no garantiza ni siquiera que el producto sea israelí.

2) Uganda

El autor de este blog se va el próximo junio a trabajar durante una quincena a Uganda en un proyecto para ayudar a mejorar las instalaciones de tratamiento a personas infectadas con el VIH. Estamos en pleno proceso de recaudación de fondos, cualquier ayuda es buena por pequeña que sea (sobre todo porque anima a los demás a seguir el ejemplo). Es además posible donar via PayPal. Más información sobre el proyecto y donaciones a través de este link.  A partir de hoy estará disponible el link en la barra lateral de la derecha.

Gracias 🙂

Lo que valen los estudios

Relacionado con la entrada “Lo que valen las encuestas”, vamos a reflexionar un poco sobre el valor de los estudios científicos desde el punto de vista estadístico, para poner en contexto toda esa avalancha de noticias que nos encontramos cada día en el periódico y que dicen algo así como: “Un estudio demuestra que (rellénese a gusto del lector)”. Variaciones al titular suelen incluír la palabra “prestigioso”. Seguir leyendo “Lo que valen los estudios”

Libros y artículos

He inaugurado un par de páginas a las que podéis acceder desde el menú de la derecha, abajo del todo. Una es una recopilación de artículos que me han gustado especialmente (y que puedo recordar). La otra es un listado de libros que he leído a lo largo de mi vida, copiando el hábito de otros blogs. Recomendaciones bienvenidas.

Donar a Birmania

Desde El Pelopódromo queremos animar a nuestros lectores a que donen a favor de Birmania, desconocida oficialmente como Myanmar, cuya situación actual ya todos conocen. Nosotros lo hemos hecho esta mañana aquí (ojo con seleccionar la opción Ciclón Myanmar), a través de Unicef, porque ya éramos socios, no porque tengamos ninguna preferencia especial. Otra posibilidad es donar aquí (en inglés).

He donado a pesar de que tengo serias dudas de que un régimen tan colorado como el birmano sea capaz (léase “esté interesado”) en repartir equitativamente la ayuda extranjera, más aún cuando hoy han anunciado que aceptan ayuda material exterior pero se encargarán ellos mismos de gestionarla sin cooperadores extranjeros.

Es decir, el pueblo mismo se encargará de autogestionarse, “sus propios ciudadanos y funcionarios oficiales” como dicen ellos, lo que equivale a decir que los enchufados y astutos se llevarán la mayor parte del pastel. Mientras tanto han ya denegado la entrada a un avión cargado de ayuda humanitaria proveniente del extranjero.

Siempre pagan los mismos.

Actualización: parece que con la intervención de Tailandia, han aceptado tres millones de dólares de EE.UU. a cambio de que los propios americanos supervisen la entrega de material. Es un primer paso.

La titulitis en Europa

Hace algunos años pensaba que sólo había dos formas de arreglar un problema burocrático. La primera consistía en perder la educación, método que ejecutado correctamente (o sea, sin llegar a las manos) funciona bien, aunque a mí me parecía algo vergonzoso. El segundo se basa en sacarse un título de prestigio y aplicar el consiguiente doctor o abogado delante del apellido al inciar la contienda. Este último método, aun siendo más pacífico, me parecía todavía más avergonzante, pero en muchos casos más efectivo.

Que en España la Universidad tenga problemas graves de sobrepoblación y que por una regla económica básica de oferta y demanda los títulos estén infravalorados parece una consecuencia lógica de este fenómeno. Qué alivio descubrir que no sólo España está azotada de esta malatía, sino que en Europa la situación parece incluso más grave: salpicados por este elitismo documental, en Alemania cada vecino aclara su título universitario colocándolo bien visible en sus buzones; en Italia no les es suficiente ser licenciados y pasan directamente a llamarse dottori laureati apenas terminada cualquier titulación universitaria; por supuesto en este país a todos los profesores de ingenería se les debe tratar de ingegnere; en Chequia hace apenas unos años un ministro tuvo que dimitir por subirse la graduación en un desliz.

Por desgracia la técnica de presentarse como “profesor de” sigue siendo utilizada para acojonar en un debate o desacreditar al resto de debatientes. ¿Cuándo nos libraremos de esto?